Las cifras que exhibe la alcaldesa Susana Villarán a escasos
meses de culminar su gestión en verdad preocupa y sin duda debería ser elemento
de juicio para mirar en perspectiva el futuro inmediato, con un respaldo que no
sobrepasa el 13% difícilmente se puede convencer a un electorado que en breve
volverá a las urnas. Pero que es lo que anima a una persona a tentar nuevamente
una responsabilidad de esta magnitud, será acaso la impotencia de no poder
haber terminado lo que en un periodo se debería haber finiquitado o será la
sensación de poder que se experimenta y que nos negamos a abandonar. Lo cierto
es que ahí están las cifras del mismo modo paradójicamente ahí está la aprobación
que experimenta su predecesor quien espera cómodamente amparado justamente en
ellas las cifras que se dé la largada y se inicie la etapa electoral.
Complicado panorama que se le presentará al electorado
limeño sin tener una alternativa que conjugue el perfil técnico político para
enfrentar las grandes necesidades ya que de momento solo se dispone de un ex alcalde
sumamente cuestionado muy pegado a la inversión traducida en cemento y, del
otro a una alcaldesa que intentara la reelección seguramente para agrandar y
afianzar las consultorías y como no para
culminar algunas obras inconclusas sin tocar temas de fondo para el ciudadano
limeño como son la inseguridad y el caos en el transporte asesino de Lima.