El Debate propiciado por Jurado Nacional de Elecciones tubo
un desenlace más o menos predecible, decimos esto en base a la metodología
empleada más concretamente en el sorteo que les permitido a algunos candidatos
enfrentarse directamente mediante una pregunta. El que capitalizó esto mejor
que nadie sin duda fue Enrique Cornejo quien tuvo la suerte de compartir un
dialogo directo con Luis Castañeda quien es como se sabe el favorito, lo mismo sucedió
con Fernán Altuve quien enfrentó a Susana Villarán segunda en las intenciones de voto mediante el misma
procedimiento.
Si de algo ha servido este aluvión de participaciones ya que
escuchar a 13 es bastante difícil aunque estos en el transcurso de sus alocuciones
se vayan descartando más sencillo y enriquecedor seria escuchar atentamente a 3
o 4 como máximo, aunque esa son las
reglas, las mismas que por necesidad de
informar mejor al elector deberían de cambiarse.
Nuestros debates sin duda aún están en pañales como se ha
podido apreciar lo programático ocupa un lugar intrascendente donde la puyas para
tratar de bajarse a quien le favorece las encuestas es tarea central,
distinto sería si esto le permitiera al elector escuchar programas eso que tanto
nos interesa, como hacer obras y adicionalmente de medir el talante político a
través de una solvente oratoria.
Pero atendiendo la interrogante inicial diremos, el debate ha favorecido a quienes antes siquiera se
asomaban por el segundo lugar quizás para el Domingo si lo consigan, el debate ha favorecido a un grupo de electores
indecisos que ahora saben por quién votar,
el debate ha servido para saber que el
Apra añejo partido está presente al margen de todo el cuestionamiento que este
pueda tener y eso sin duda los apristas se lo deben agradecer a las cualidades
de Enrique Cornejo a quien como se sabe ni el propio García ha querido
acompañar quizá porque García como zorro viejo y curtido en las malas artes y
buenas artes de la política sabe que Cornejo no llegará es mas hasta se
especula que el candidato de García no está al interior de su partido mezquindades
a la que como buen caudillo no está ajeno.



