viernes, 21 de septiembre de 2012

Brillante y valiente artículo de Claudia Cisneros.

Me he permitido transcribir el integro de la Nota de la valiente y bella Claudia Cisneros, como presentación o epilogo no es necesario aumentarle nada, la verdad como digo la valetía como enfrenta a la nefasta historia politica del país

corrupta y delincuencial de la decada de los noveitas y que aun como bien indica sigue en nuestro medio no requiere de mayor presentación ni añadidura alguna, con ustedes el mencionado artículo:

“... Así, no solo debemos preguntarnos cómo se transforma a un movimiento antidemocrático en uno democrático, sino en cómo se transforma lo que fue una organización lumpen en un partido político. El gobierno fujimorista, no lo olvidemos, fue una suerte de ‘utopía mafiosa’ ” (Hugo Neira). Alberto Vergara, en la revista Poder.

Nunca se rendirán. Tienen mucha sangre en el ojo. Viven presos de sus pasados delincuenciales, corruptos, inmorales, oscuros. Están atrapados en el inframundo que eligieron cuando tomaron las decisiones con las que pretendían encumbrarse en el poder político y económico. Viven presos de sus vidas mentirosas, de sus conciencias innombrables, de la negación de sus actos reprobables.

Reconocerlos sería desandar toda una vida, implicaría desautorizarse en sus biografías, aceptar sus miserias (in)humanas, ser otras personas que jamás sabrán ser. Son los parásitos de la especie, esos que viven de la vida y logros de otros, aquellos que trabajan duro pero para quitarte lo tuyo, lo nuestro, para subyugarte, para igualarnos en la hediondez, para convertir todo lo que no es como ellos en la misma miasma en la que ellos reinan, y si no pueden, se esmerarán por asustarte, amedrentarte, extorsionarte y por último hasta eliminarte.

No son pocos, ojalá lo fueran. La mediocridad y la ambición no deja de parirlos. El desprecio por el resto y la soberbia son sus padrinos. Están en la Base Naval, en la Dinoes, algunos en el Congreso, muchos otros en el Poder Judicial. Se defienden entre ellos, no por solidaridad invertida, sino por simple conveniencia. Emiten condenables fallos en favor de sus delincuentes (Colinas); defienden a sus esbirros para que estos no los delaten, para no seguir cayendo en la desgracia que la decencia y la democracia les ha canjeado por sus servicios.

Se escudan en héroes (Chavín de Huántar), para salvar a sus cancerberos (Gallinazos), amedrentan a probos e íntegros periodistas (maestro César Lévano) como añorando resucitar su vieja (y vergonzosa) “gloria”. No son pocos, pero tampoco son mayoría. Felizmente. No dejarán de reanimarse pero nosotros tampoco dejaremos que nos arrimen (otra vez).

Sabemos quiénes son y debemos asegurarnos de que quienes vienen después que nosotros también lo sepan. Contemos sus mugres historias, difundamos sus deshonestas vidas, su terrorismo institucional, no olvidemos su intento de asesinato de la moral de una sana comunidad, de una nación que no quiere ni debe permitir que se reacomoden, que se realimenten, que se vuelvan a levantar. Porque los aplastaremos con las leyes, los hundiremos con sus biografías, los castigaremos con más y mejor democracia.

Y con todo el respeto que sus derechos humanos merecen, nos aseguraremos de que sigan siendo reos de sus vilezas, presos de sus bajezas, víctimas de sus propias falacias e inmundicias. Esa será nuestra defensa y nuestro legado al país que queremos. No bajemos la guardia, ellos nunca lo harán.

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