jueves, 19 de enero de 2012

Algo anda mal

El presente artículo tiene el título de "Algo anda Mal" me permito transcribirlo y ponerlo a consideración de todos ustedes no sin antes hacer unos breves comentarios.
Sin la necesidad de pecar de alarmistas sería bueno que se ahonde el debate sobre  el acercamiento que el gobierno de Ollanta Humala está ralizando con el gobierno de Hugo Chávez creemos que las opiniones son unanimes en el sentido de que nada positivo se puede sacar sinó todo lo contrario, en todo caso la voz de alarma está planteada y un connotado político como Juan Sheput nos lo advierte.
Ya en el ámbito local resulta vergonzoso el resultado del caso Chehade Yehude Simón quedará registrado en los anales de la historia como el personaje que gracias a su voto Omar Chejade no fué derivado al PJ y así solo así demostrar su inocencia ya que es falso que lo sucedio en el Congreso con 13 votos a favor y 12 votos en contra se haya demostrado la inocencia de este. Los dejo con la excelente columna de Juan Sheput publicada el dia de ayer.


Hace unos días, en visita de fin de semana, veíamos cómo Hugo Chávez, en presencia de Ollanta Humala, daba órdenes a sus ministros sobre cómo y dónde debían iniciar operaciones en el Perú. Eufórico e incontenible en sus palabras, Hugo Chávez reforzaba sus indicaciones con un plumón, con el que señalaba y hacía círculos en el mapa peruano. Ilo, Paita (tienes que ir a Paita donde están los fosfatos, decía Chávez a su ministro de Energía y Petróleo), la selva, Iquitos, eran marcadas mientras daba indicaciones directamente a sus funcionarios sobre qué hacer. A su lado, el nacionalista Ollanta Humala - ese que en tiempos de campaña amenazaba con marchar en la frontera chilena- solo atinaba a sonreír nerviosamente, en silencio. Lo mismo hacían sus acompañantes peruanos que miraban cómo los funcionarios venezolanos recibían indicaciones del presidente venezolano sobre acciones en nuestro territorio. Nunca antes había visto tan poca dignidad y tan poco ejercicio de la soberanía por parte de un mandatario peruano. Sin embargo, en nuestro país no hubo sorpresa ni crítica. Solo un silencio cómplice. No puedo negar que al ver ese espectáculo, como peruano, sentí gran inconformidad.

Como diría el historiador británico Tony Judt: algo anda mal. Nuestro país se ha vuelto poco exigente, conformista con la mediocridad, y la debacle institucional ni siquiera nos alarma. En el último mes el Poder Judicial da vacaciones a acusados de terrorismo o envía a su casa a implicados en graves delitos de corrupción; la Fiscalía, en la misma línea, dice que no procede la investigación de evidentes signos de corrupción que generaron la más grave crisis política del gobierno anterior; Humala firma convenios con Chávez y luego da explicaciones parciales al Congreso; el Congreso tiene como máxima expresión de su agenda el caso Chehade; se generan congestionamientos vehiculares que causan miles de horas/ hombre perdidas por el mal organizado rally Dakar, y la inseguridad ciudadana sigue matando y secuestrando. En el colmo de la simpleza argumental se pide que los ciudadanos se armen para defenderse de lo que el gobierno no puede combatir: la delincuencia. Se ignora que esa es la vía más rápida para la mexicanización, para la difusión del sicariato, para el retroceso al ojo por ojo, y no se ve que en el futuro inmediato el delincuente se asegurará y primero matará y luego asaltará, como de manera lúcida señaló César Hildebrandt.

Algo anda mal. Las bancadas ya no se unen para impulsar agendas legislativas o impulsar reformas, sino para blindar a implicados en actos de corrupción, como vergonzosamente lo hace la bancada de Alianza Parlamentaria en el caso Chehade. Se desaprovecha la alta aceptación para reformar la estructura política que reclama, entre otros puntos, que se elimine el voto preferencial. Se quiere revocar a una alcaldesa a quien a la vez se reconoce como honesta, y se reconoce como mejor alcalde a un personaje que merece la cárcel, según el procurador.

Algo anda mal. Un reciente estudio indica que el Perú, de seguir creciendo así, será la vigesimosexta potencia mundial en el 2050. No me parece serio ese estudio. Si el Perú sigue así, retrocediendo, apostando por un crecimiento primario, sin valores y mercantilista, sin instituciones, no solo jamás será una potencia, sino será, con toda seguridad, un Estado fallido, un Estado cuyo orden lo determinarán los poderes fácticos y, en especial, la delincuencia organizada.

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