La razón para que nuestra política esté tan venida a menos, radica en lo poco que consideran los políticos a sus electores y de como los electores no tienen los elementos de juicio necesario para saber diferenciarlos. Lo que ha sucedido recientemente con el congresista Chehade y Marco Tulio Gutiérrez no es más que una muestra de la forma como los aspirantes a un cargo juegan una suerte de "vale todo" en donde ensayan desde discursos demagógicos a través de lo cual vierten mentiras y se crean imágenes de defensores de los oprimidos y olvidados. Lo cierto es que nada de lo que proclaman se acerca en un mínimo a la realidad ya que solo basta con que por ahí se filtre un audio de una conversación para conocerlos en su verdadera magnitud.
Ahora la pregunta es hasta donde es lícito el poder escuchar a nuestros políticos seudo defensores de la legalidad, pues seguramente ellos mismos se encargaran de convencernos de que esto es ilegal y que viola el derecho a la intimidad, semejante paradoja cuando de intimo no tiene nada ya que en sus reuniones tratan asuntos de orden público. De momento no veo que formato legal o artilugio pueda salvarnos de estos paladines de la democracia, en todo caso quien no esconda nada o en verdad su trabajo y su trayectoria política sea limpia para nada le afectara que alguien pueda interceptar sus comunicaciones.
De Omar Chehade a Marco Túlio Gutiérrez. En ambos casos se aprecia el tremendo desprecio con que ambos tratan a la ciudadanía, subestimando y ofendiendo la inteligencia de estos cuando el trasfondo de su accionar solo radica en sus intereses personales.


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