Nadie a quien se destituye de manera
formal de un cargo ingresa luego al hasta que hace poco ha sido
su centro de labores en medio de aplausos de sus compañeros, eso ha sucedido
hace instantes en San Isidro sede la procuraduría. Jualia Príncipe se va pero se va en olor a
multitud, se va no con una carta de despido esa que hoy publica El Peruano sino
con un galardón por haber enfrentado profesionalmente a un gobierno que con
esta actitud demuestra que todo lo que se presume ahora tiene mucho de
certeza.
La descomposición de este gobierno
involucra no solo a la pareja presidencial sino a algunos funcionarios como es
el caso del ministro Adrianzén que pronto pasará seguro a la actividad privada
producto de su inminente censura en el Congreso, Adrianzén cuando pase a recoger sus pertenencias por su
oficina no recibirá ninguna muestra de apoyo tal como sucediera con la procuradora
Príncipe sino mas bien bajo las miradas silentes pero cargadas con una alta dosis de desprecio.
El otro a quien ahora conocemos cabalmente es Pedro Cateriano
quien cuando incursionara en el cargo fuera considerado como un demócrata a
carta cabal, craso error Cateriano con su actuación ha demostrado que no es más
que un pusilánime servil y genuflexo servidor, pero ni siquiera de un mediocre
mandatario; sino mas bien de la que en este caso ocupa de facto el poder de
turno la primera Dama quien no tiene cargo alguno pero se encarga de dar las
disposiciones y la luz verde para cada una de las acciones de los ministros
(como ya antes había quedado demostrado producto de la filtración de un audio) y quien sin lugar a dudas les ha conminado tanto a Adrianzén y a Cateriano a deshacerse de una procuradora desde hace rato incomoda y peligrosa sobre todo por lo que puedan revelar las famosas agendas o libretas y su contenido, lo que justamente perseguía y era la especialidad de la defenestrada procuradora.

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