A estas alturas a escasos años del
Bicentenario resulta preocupante saber cómo vamos enfrentar ese reto que se
supone debemos abordarlo como una sociedad consciente y preparada con una clase
política seria y sólida producto de la existencia de partidos políticos con un
mínimo de democracia interna que los fortifique y donde los nuevos cuadros
partidarios puedan asomar, pero en los hechos nada halagüeño parece divisarse y
la comprobación mas próxima es lo que acontece al interior del fujimorismo, la fuerza política más importante del país
quien por la intención de voto mostrada los hace ver como la fuerza política
que estará este 2016 en segunda vuelta y con amplia ventaja de alzarse
con la presidencia de la república.
Pero
todo lo que sucede al interior del fujimorismo tal parece que marcha
bien, sino miren nada mas lo que sucede
en su interior o en su estructura, simplemente no se puede distinguir quién
lidera el partido, o bien está el fundador y líder aunque preso o la hija quien
en las elecciones pasadas estuvo a punto de llegar, sería bueno precisar cuánto
del porcentaje en conjunto le corresponde a Keiko Fujimori y, cuanto a su padre.
Ante esa disyuntiva creo hay una
hipótesis; una que explica los últimos sucesos y es esa que indica que comparten porcentajes, uno más
mayoritario que el otro pero que al final es producto de dos vertientes.
Ahora todo esto también nos debería hacer
reflexionar respecto de nuestra historia reciente esa que se escribe en el presente quinquenio dentro
de palacio de gobierno donde la bicefalia en el gobierno es más que notoria,
entonces la suspicacia como corresponde esta presente, acaso Alberto Fujimori
no tendrá la misma incidencia e intromisión en un eventual gobierno de su hija
al puro estilo de Nadine Heredia nombrando ministros o simplemente
destituyéndolos como ya se presume que hace con la lista congresal del
fujimorismo.
Gobernar un país es cosa sería y los
peruanos con un mínimo debemos exigir que quien lo haga en principio tenga la
solvencia para no permitir
intromisiones, constitucionalmente los peruanos elegimos al presidente de la
república y no a su cónyuge o padre.

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